miércoles, 24 de junio de 2015

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LO QUE ENFRENTAN LOS SISTEMAS DE GESTIÓN


Las empresas, independientemente de su tamaño, enfrentan demandas respecto a rentabilidad, calidad, tecnología y desarrollo sostenible. Un sistema de gestión eficiente, diseñado a la medida de sus procesos comerciales, puede ayudar a enfrentar los desafíos del cambiante mercado global de hoy. Con nuestro enfoque Risk Based Certification ayudamos a las compañías a conseguir sus objetivos de negocio relacionando objetivos estratégicos con procesos operacionales, evaluando áreas de riesgo e identificando oportunidades de mejora.


Las cuatro etapas del sistema de gestión son:
  • Etapa de Ideación
  • Etapa de Planeación
  • Etapa de Implementación
  • Etapa de Control



Etapa de Ideación


El objetivo de esta etapa es trabajar en la idea que guiará los primeros pasos del proceso de creación que se logra con el sistema de gestión propuesto.
Existen varias metodologías para lograr refinar la idea. Sin embargo, se recomienda una muy práctica.

Lluvia de ideas o Brainstorming:
Primero se debe generar el máximo de ideas para obtener un amplio espectro de posibilidades en dónde atacar.
El proceso consiste en lo siguiente en que un grupo o una persona, durante un tiempo prudente (de 10-30 minutos), se enfoca en generar o “lanzar” ideas sin restricciones, pero que tengan cercanía con el tema que se está tratando.
Una vez que se tenga un listado adecuado, se procede a analizar las ideas y a pulir su cercanía con lo que realmente se quiere.
La idea central de este proceso es que aquí se debe definir claramente el objetivo perseguido, es decir el “Qué queremos lograr?”. Una vez definido, se procede al “Cómo lograrlo?” y pasamos a la siguiente etapa.



Etapa de Planeación (Planificación)


Dentro del proceso, la planificación constituye una etapa fundamental y el punto de partida de la acción directiva, ya que supone el establecimiento de sub-objetivos y los cursos de acción para alcanzarlos.
En esta etapa, se definen las estrategias que se utilizarán, la estructura organizacional que se requiere, el personal que se asigna, el tipo de tecnología que se necesita, el tipo de recursos que se utilizan y la clase de controles que se aplican en todo el proceso.
Si bien es cierto que el proceso de planificación depende de las características particulares de cada organización, tal como señalan Arnoldo Hax y Nicolás Majluf, dentro de cualquier proceso formal de planificación, existen tres perspectivas básicas comunes: la estrategia corporativa, de negocios y funcional. (Véase el esquema de un proceso formal de planificación estratégica. Fuente: HAX, A. y MAJLUF, N., Estrategias para el Liderazgo Competitivo.







Etapa de Implementación (Gestión)


En su significado más general, se entiende por gestión, la acción y efecto de administrar. Pero, en un contexto empresarial, esto se refiere a la dirección que toman las decisiones y las acciones para alcanzar los objetivos trazados.
Es importante destacar que las decisiones y acciones que se toman para llevar adelante un propósito, se sustentan en los mecanismos o instrumentos administrativos (estrategias, tácticas, procedimientos, presupuestos, etc.), que están sistémicamente relacionados y que se obtienen del proceso de planificación. (Véase la figura: Esquema de gestión).







Etapa de Control


El control es una función administrativa, esencialmente reguladora, que permite verificar (o también constatar, palpar, medir o evaluar), si el elemento seleccionado (es decir, la actividad, proceso, unidad, sistema, etc.), está cumpliendo sus objetivos o alcanzando los resultados que se esperan.
Es importante destacar que la finalidad del control es la detección de errores, fallas o diferencias, en relación a un planteamiento inicial, para su corrección y/o prevención. Por tanto, el control debe estar relacionado con los objetivos inicialmente definidos, debe permitir la medición y cuantificación de los resultados, la detección de desviaciones y el establecimiento de medidas correctivas y preventivas.




GESTIÓN DE LA ENERGÍA


Un adecuado sistema de gestión de la energía debe estar formado por una serie de medidas encaminadas a un ahorro neto de energía, la eficiencia en su obtención, distribución y uso; la independencia o al menos diversificación en su obtención; así como a conseguir un ahorro económico en los gastos derivados de su uso y una disminución de sus impactos ambientales negativos.
La gestión de la energía puede y debe actuar a diversos niveles, que van desde el personal o doméstico hasta el nacional o internacional, pasando por niveles intermedios como los sectoriales de las diversas industrias, los municipales, autonómicos, empresas, etc.
Un buen sistema de gestión de la energía debe tener en cuenta en primer lugar cuales son las fuentes de energía presentes en el territorio que le atañe, tanto realizadas y en funcionamiento como potenciales, y evaluar su situación actual nacional e internacional así como su posible devenir futuro. En base a esta situación inicial debe considerar cuales son los mejores modos de realizar la distribución a lo largo de toda su extensión y tener en cuenta qué actividades requieren un mayor volumen, de qué tipos y cuales pueden ser consideradas prioritarias o de primera necesidad. Estos tres puntos iniciales: cual es la energía de la que disponemos, como podemos distribuirla y en donde es prioritario que llegue deben formar las bases iniciales de un plan energético que sea revisable para poder adaptarse a las necesidades cambiantes.



















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