LO QUE ENFRENTAN LOS SISTEMAS DE GESTIÓN
Las
empresas, independientemente de su tamaño, enfrentan demandas
respecto a rentabilidad, calidad, tecnología y desarrollo
sostenible. Un sistema de gestión eficiente, diseñado a la medida
de sus procesos comerciales, puede ayudar a enfrentar los desafíos
del cambiante mercado global de hoy. Con nuestro enfoque Risk Based
Certification ayudamos a las compañías a conseguir sus objetivos
de negocio relacionando objetivos estratégicos con procesos
operacionales, evaluando áreas de riesgo e identificando
oportunidades de mejora.
Las
cuatro etapas del sistema de gestión son:
- Etapa de Ideación
- Etapa de Planeación
- Etapa de Implementación
- Etapa de Control
Etapa
de Ideación
El
objetivo de esta etapa es trabajar en la idea que guiará los
primeros pasos del proceso de creación que se logra con el sistema
de gestión propuesto.
Existen
varias metodologías para lograr refinar la idea. Sin embargo, se
recomienda una muy práctica.
Lluvia
de ideas o Brainstorming:
Primero
se debe generar el máximo de ideas para obtener un amplio espectro
de posibilidades en dónde atacar.
El
proceso consiste en lo siguiente en que un grupo o una persona,
durante un tiempo prudente (de 10-30 minutos), se enfoca en generar o
“lanzar” ideas sin restricciones, pero que tengan cercanía con
el tema que se está tratando.
Una
vez que se tenga un listado adecuado, se procede a analizar las ideas
y a pulir su cercanía con lo que realmente se quiere.
La
idea central de este proceso es que aquí se debe definir claramente
el objetivo perseguido, es decir el “Qué queremos lograr?”. Una
vez definido, se procede al “Cómo lograrlo?” y pasamos a la
siguiente etapa.
Etapa
de Planeación (Planificación)
Dentro
del proceso, la planificación constituye una etapa fundamental y el
punto de partida de la acción directiva, ya que supone el
establecimiento de sub-objetivos y los cursos de acción para
alcanzarlos.
En
esta etapa, se definen las estrategias que se utilizarán, la
estructura organizacional que se requiere, el personal que se asigna,
el tipo de tecnología que se necesita, el tipo de recursos que se
utilizan y la clase de controles que se aplican en todo el proceso.
Si
bien es cierto que el proceso de planificación depende de las
características particulares de cada organización, tal como señalan
Arnoldo Hax y Nicolás Majluf, dentro de cualquier proceso formal de
planificación, existen tres perspectivas básicas comunes: la
estrategia corporativa, de negocios y funcional. (Véase el esquema
de un proceso formal de planificación estratégica. Fuente: HAX, A.
y MAJLUF, N., Estrategias para el Liderazgo Competitivo.
En
su significado más general, se entiende por gestión, la acción y
efecto de administrar. Pero, en un contexto empresarial, esto se
refiere a la dirección que toman las decisiones y las acciones para
alcanzar los objetivos trazados.
Es
importante destacar que las decisiones y acciones que se toman para
llevar adelante un propósito, se sustentan en los mecanismos o
instrumentos administrativos (estrategias, tácticas, procedimientos,
presupuestos, etc.), que están sistémicamente relacionados y que se
obtienen del proceso de planificación. (Véase la figura: Esquema de
gestión).
Etapa
de Control
El
control es una función administrativa, esencialmente reguladora, que
permite verificar (o también constatar, palpar, medir o evaluar), si
el elemento seleccionado (es decir, la actividad, proceso, unidad,
sistema, etc.), está cumpliendo sus objetivos o alcanzando los
resultados que se esperan.
Es
importante destacar que la finalidad del control es la detección de
errores, fallas o diferencias, en relación a un planteamiento
inicial, para su corrección y/o prevención. Por tanto, el control
debe estar relacionado con los objetivos inicialmente definidos, debe
permitir la medición y cuantificación de los resultados, la
detección de desviaciones y el establecimiento de medidas
correctivas y preventivas.
GESTIÓN DE LA ENERGÍA
Un
adecuado sistema de gestión de la energía debe estar formado por
una serie de medidas encaminadas a un ahorro neto de energía, la
eficiencia en su obtención, distribución y uso; la independencia o
al menos diversificación en su obtención; así como a conseguir un
ahorro económico en los gastos derivados de su uso y una disminución
de sus impactos ambientales negativos.
La
gestión de la energía puede y debe actuar a diversos niveles, que
van desde el personal o doméstico hasta el nacional o internacional,
pasando por niveles intermedios como los sectoriales de las diversas
industrias, los municipales, autonómicos, empresas, etc.
Un
buen sistema de gestión de la energía debe tener en cuenta en
primer lugar cuales son las fuentes de energía presentes en el
territorio que le atañe, tanto realizadas y en funcionamiento como
potenciales, y evaluar su situación actual nacional e internacional
así como su posible devenir futuro. En base a esta situación
inicial debe considerar cuales son los mejores modos de realizar la
distribución a lo largo de toda su extensión y tener en cuenta qué
actividades requieren un mayor volumen, de qué tipos y cuales pueden
ser consideradas prioritarias o de primera necesidad. Estos tres
puntos iniciales: cual es la energía de la que disponemos, como
podemos distribuirla y en donde es prioritario que llegue deben
formar las bases iniciales de un plan energético que sea revisable
para poder adaptarse a las necesidades cambiantes.



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